domingo, 3 de noviembre de 2013

LA PAREJA VIRTUOSA


La pareja sana es un circuito abierto

Parece ser que el modelo actual de pareja que la mayor parte de las personas manejan, está destinado a la frustración, el enfado, la decepción, y el reproche. Tarde o temprano se abre una brecha y se desencadenan ciclos de confluencia, dependencia emocional, celos, resentimiento etc. Se busca que la pareja confirme una seguridad que uno mismo no siente, y se manifiesta lo que llamamos “profecía autocumplida”: conseguir con nuestro comportamiento aquello que precisamente intentamos evitar, que la pareja se rompa, que nuestro compañero se busque una aventura, que la pequeña muralla que defiende la pareja del exterior se convierta en una prisión de la que ambos desean liberarse.

Para cumplir esa premisa de “tú y yo no somos dos, sino tres”, hay que dejar de lado el paradigma de la media naranja: dos mitades que se juntan desde la carencia y la cojera.

Que distinto es cuando yo soy una naranja y tú otra, y no nos “necesitamos”, sino que nos “queremos”, decidimos compartir el uno con el otro el trayecto de la vida que nos surja. Sin duda el zumo será más cuantioso y nutritivo.

La ansiedad ante la separación, celos, pérdida de intereses propios, y priorizar la pareja por encima de todo constantemente, son pistas que te pueden ayudar a reflexionar sobre tu inseguridad y la de tu compañero/a.


 Construir la relación auténtica

Vivir en una isla es sano, pero recuerda construir también puentes y dejar que el mundo entre y salga de tu

sólida fortaleza. Déjate ser. Aliméntate de encuentros, sorpresas, aventuras, nuevos aprendizajes y compártelo con tu compañero/a de viaje. Te garantizo que el juego y la curiosidad serán mejor afrodisíaco para tu relación, que el intento de controlar lo que en el fondo sabes que no se puede controlar, que no tienes derecho a controlar. Este comportamiento termina matando el deseo de ambos cuando no, el amor también.

Beber el uno del otro en todo momento y sin alternativa es una fuente que no calma la sed para siempre.

Es posible que la seguridad, la libertad y el deseo convivan, sin embargo todo parte de un fuerte sentido de valía personal y del respeto a la individualidad e intimidad del otro.

Tomar conciencia de este patrón es el primer paso, no obstante podemos encontrar dificultades para llevar a la práctica un modelo sano de relación. Probablemente intervengan ganancias secundarias y automatismos que han de ser desmontados. Las llaves que abren esta puerta son la confianza en uno mismo y en el otro, y la comunicación de las inseguridades, miedos y necesidades (vulnerabilidades). Estas son destrezas que pueden ser entrenadas durante un proceso de terapia psicológica.

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